EL PRINCIPITO

 

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“Querer es tomar posesión de algo, de alguien. Es buscar en los demás eso que llena las expectativas personales de afecto, de compañía. Querer es hacer nuestro lo que no nos pertenece, es adueñarnos o desear algo para completarnos, porque en algún punto nos reconocemos carentes”  -Antoine de Saint-Exupéry

Llega a la pantalla grande la aclamada novela (1943) de Antoine de Saint-Exupéry, sin embargo, es importante comentar que la película no se centra totalmente en el famoso “Principito”. La protagonista es una niña que acaba de mudarse a un vecindario de clase media alta, donde da la casualidad que su vecino es un anciano etiquetado como “excéntrico y fuera de lo normal”. La niña crea un lazo de amistad con el hombre mayor y es allí cuando éste le comparte la historia de su vida, que es la del principito y el piloto perdido en el desierto Sahara.

Así que tenemos dos historias que van entrelazadas, primero la del mundo real con la niña y después el universo del “Principito”. En consecuente, estos mundos toman vida con dos tipos de animación por separado, el CGI (3D) y el stop motion. Cabe mencionar que estas técnicas son todo un arte que enamorará a más de uno, además de la calidad visual que podemos observar, involucra el trabajo de muchísimas personas y la expresión tan original de esta aventura.

Se me hizo muy cliché el gran contraste de estos dos universos, ya que la niña tiene una madre exigente que la hace olvidar los detalles y el disfrute de la vida diaria, y por otra parte, la postura filosófica del “Principito” te hace recordar todo lo contrario, sin embargo, no es algo que arruine la trama o nos confunda de alguna manera.

Lo curioso es que la película se ha vendido como un título para niños, algo totalmente erróneo. Quien ha leído el libro conoce que la reflexión va dirigida hacia “las mentes adultas” y no precisamente a una audiencia infantil, sin embargo, es necesario que los niños admiren esta obra y puedan deducir las metáforas y enseñanzas mostradas.

Aquí entre nos, hubo un momento en la sala de cine donde varios niños se pusieron un poco inquietos, sin embargo, la película logró sumergirlos nuevamente en ese mundo mágico. Y por otra parte, yo y mi acompañante estábamos totalmente concentrados, conmovidos y fascinados con las ilustraciones que por cierto, mantuvieron los trazos y tintes originales. No hay duda que la representación, en cada planeta, de los vicios, defectos y absurdos del ser humano es algo que seguramente movió los sentimientos de más de un adulto.

Para aquellos lectores del Principito, seguramente vieron un par de detalles faltantes en la película, tal y como ha pasado en toda adaptación de un libro. Pero entendamos que la adaptación cinematográfica debe tener su propia esencia y es allí cuando encontramos escenas dramáticas, comedia muy blanca pero sobretodo la grata sorpresa de que el director, Mark Osborne, pudo mantener la pureza de la historia de forma entretenida. Los diálogos que no fueron narrados tal como en el libro los convirtieron en escenas clave donde la acción reemplazó a la enseñanza textual.

De alguna u otra forma esta versión nos deja completamente en modo reflexivo, a los aficionados del cine y la lectura nos han hecho un pintoresca mezcla; apreciar las ilustraciones, el  stop motion y  digerir esta historia filosófica es asombroso. Esta versión de “El Principito” nos hace recordar que “crecer no es el problema, olvidar lo es…”

Para Indira Rascón, jóven comunicóloga, amiga y profesionista. Claramente una de las personas que más se apegaba a las enseñanzas de esta bella obra y que diariamente disfrutaba de los pequeños detalles de la vida. Descansa en paz.

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